Cada otoño recibimos la misma consulta en tienda: “tengo una habitación que no hay manera de calentar”. Y en una parte importante de los casos el problema no está en la calefacción, sino en la ventana. Vamos a explicar qué puede hacer una cortina al respecto y, sobre todo, qué no.

Por dónde se escapa el calor

Una ventana es el punto más débil de cualquier fachada. Aunque tengas doble acristalamiento, el vidrio conduce el calor mucho mejor que la pared, y en viviendas anteriores a los años ochenta —que son la mayoría en Terrassa y el Vallès— es habitual encontrar todavía cristal simple y carpintería de aluminio sin rotura de puente térmico.

El calor se pierde de dos maneras. Por conducción a través del vidrio, y por las corrientes de convección: el aire de la habitación toca el cristal frío, se enfría, baja hacia el suelo y arrastra más aire caliente detrás. Es ese hilo de aire frío que notas en los tobillos aunque el radiador esté encendido.

Una cortina bien puesta actúa sobre las dos cosas. Crea una cámara de aire quieto entre el tejido y el cristal, y corta la circulación del aire frío hacia el interior de la estancia.

Lo que marca la diferencia no es el grosor

Aquí está el malentendido más extendido. La gente asume que una cortina más gruesa abriga más, y no funciona exactamente así.

Lo que aísla es el forro. Una cortina forrada, incluso con tela principal de peso medio, rinde mucho mejor que una tela gruesa a una sola capa, porque el forro genera una segunda barrera y una cámara de aire intermedia. Si además el forro es térmico —con un tratamiento específico por la cara que mira al cristal— la diferencia se amplía.

El terciopelo y los tejidos pesados funcionan bien, sí, pero por el peso y por la caída que consiguen, no solo por ser gruesos.

La caída importa tanto como la tela

Una cortina térmica que no cierra bien no sirve de nada, y este es el error que más vemos.

Para que aísle de verdad tiene que:

  • Llegar al suelo. Una cortina que muere a media pared deja salir el aire frío por abajo, que es justo por donde quiere salir. Los tres dedos de más que sobran estéticamente aquí son funcionales.
  • Sobrepasar el hueco por los lados. Al menos quince centímetros a cada lado de la ventana, para que no haya un canal de aire por el borde.
  • Cerrar por arriba. Una barra con la cortina colgando deja pasar el aire por encima. Un riel montado a techo, una galería o un cortinero cerrado sellan esa parte y mejoran mucho el rendimiento.

Ese último punto es el que más gente desconoce y el que más rendimiento aporta por poco dinero.

Qué esperar y qué no

Seamos honestos con las expectativas. Una cortina térmica bien resuelta reduce de forma apreciable la sensación de frío junto a la ventana y ayuda a que la estancia mantenga la temperatura. Notarás que el radiador se apaga antes y que desaparece esa corriente en los pies.

Lo que no va a hacer es sustituir una ventana mal aislada. Si tienes cristal simple y carpintería vieja, la cortina mejora la situación pero no la resuelve del todo. Eso sí, cuesta una fracción de lo que cuesta cambiar ventanas y se puede hacer este mes.

En verano funciona al revés

El mismo forro que retiene calor en invierno bloquea la radiación solar en verano. Una cortina forrada en una ventana orientada a sur o a oeste baja la temperatura de la habitación de forma muy notable en julio y agosto.

Así que no es una inversión de temporada. Es la misma cortina trabajando en las dos direcciones.

Si quieres saber qué necesita cada ventana de tu casa, pásate por la tienda o pídenos visita. Lo valoramos en el sitio y sin compromiso.